"...El maguey es como la raíz de nuestra tierra y el pulque su sangre, una sangre que debiera seguir alimentándonos...”




martes, 29 de julio de 2014

Tu seras La Consentida, anda, ándale I: Como Perderse y Encontrarse





Tomar el microbús de la ruta 23 hacia el centro de Azcapotzalco siempre me ha dado flojera, la ruta es corto, pero el microbús va lento, parece que quiere reconocer cada grieta en el asfalto, para acabarla de amolar en sábado es mucho peor, se tardan en salir y hasta cierto punto es desesperante, pague mis $2.50 (sí, en aquellos días el pasaje costaba eso) y me senté, abrí mi libro y me dispuse a no desesperarme, no enojarme y no quejarme de la música, el calor era insoportable, abrí la ventana mas cercana y me quede ahí plantado en un asiento color morado perfecta imitación de vinil, porque el vinil no puede soportar tan altas temperaturas, y espere.

Llegue al centro de mi bella delegación, después de un viaje de casi 40 minutos y me baje en la mera base de microbuses frente al Infantil de Zona, camine un poco, mucho diría yo y me pase de calle, llegue hasta el metro Azcapotzalco y me dije "a chinga creo que aquí no es" así que no tarde mucho en tomar otro microbús y bajarme unas cuantas calles del Jardín Hidalgo, el panorama era prometedor el sol se había ocultado un poco, caminar ya no era una tortura, pase por la calle Porvenir, de ahí caminaría fijando mi atención en los locales, puede que uno de esos sea la pulquería que busco, camino, volteo a todos lados y sigo poniendo atención.

En Porvenir no hay nada, lo único bueno es que paso al Superprecio por una poderosa dosis de azúcar y sigo mi caminar, cruzo la calle, ahí da la sombra, miro la Iglesia pequeña pero imponente, que lugar tan más acertado para una tienda, en ambas se trafica con la necesidad humana, sigo mi caminar y encuentro algo que desata una ola de recuerdos y emociones: un expendio de petroleo, el olor lo delata, en una pared hay costales de carbón, un viejo contendedor oxidado, grasiento, con una llave que gotea un poco, mechas de tela empapadas del combustible y unas varitas de trementina, me quedo sin aliento, me quedo sin palabras, no pregunto nada porque no había nadie, continuo mi caminar con energías renovadas ¿que importa si no encuentro la pulquería? Acabo de ver algo que prácticamente podría ser un fantasma.

Mientras camino reparo en las casas abandonas, medio derruidas, el viejo local donde estaba la tienda de revistas, cómics y demás llamado "La Gárgola" el nombre impone, pero la verdad es que daban muy caro, paso por una gasolinera que es un grano verde en medio de casas aun hechas de adobe, lo mismo pasa con un taller de diagnostico automotriz cuyo suelo tiene 20cm de grasa de auto derramada, las casas llaman mi atención otra vez: grandes ventanas, puertas de madera, pintura deslavada, anuncios de un Café Internet en el primer piso, un billar en el segundo y una escuela de baile en el tercero y un pequeño jardín donde solo hay cuatro bancas, frente a ese jardín un banco, frente a ese banco, el jardín Hidalgo, tan lleno de basura y puestos como casi toda la delegación, me fijo en la clínica del Seguro Social, en el puesto de revistas que tiene los periódicos extendidos, un grupo de señoras espera el RTP que va para Tacuba, no leo los encabezados pero confió en la palabra de un señor que dice "otra vez puras malas noticias" me acerco a ese don, quien mejor para decirme si voy por el buen rumbo o ya de plano me volví a alejar de mi misión, hablo, parece no escucharme, levanto la voz y le digo "disculpe, ¿Ud sabe donde hay una pulquería por aquí?" a lo que inmediatamente me responde "si, hijo, acá Tetecala hay una, esta re chulo el pulque, camina hasta el metro, de ahí te vas por las vías, como si te regresaras para acá, no hay pierde..." doy las gracias y camino.

Llego al Eje 3 Norte que aquí recibe el nombre de Manuel Acuña, aun así para todos es Camarones, paso con cuidado por la fila del Banorte no vaya ser la de malas que pise a alguien que no ha cobrado. 

Atravesando Aquiles Serdan empieza el goteo de la llovizna, no me interesa mucho, es refrescante, llego al metro Camarones, paso las vías, el Construrama, unos columpios y en la esquina de Ferrocarriles Nacionales y Aztecas veo algo que llama mi atención, algo no va ahí, algo desentona un poco con el entorno, he llegado por fin a la pulquería.

Entro, lo primero que veo es un barril ya viejo pintado de azul con los aros rojos, muy parecido al que hay en La Pirata, miro detenidamente el espacio, amplio, todo lleno de azulejos, de piso a techo, muchas repisas en todas las paredes, dos altares a la virgen con flores frescas, uno sobre el mostrador y otro cerca de la rockola, no huele mal,en la barra que se encuentra en un rincón esta un señor no muy viejo, pero con ojos cansados, tez muy quemada por el sol, una camisa azul claro con las infaltables cadenas de fuera me saluda con la mirada y me dice "¿de que va ser?" cuento mi presupuesto y veo que el litro de blanco esta en $10, tardo en contestar pero al final digo "un blanco, por favor" me lo sirve en los clásicos vasos de botella recortada, volteo hacia la entrada unas ollas enormes de barro están empotradas a la pared, otra repisa con aceite, sal, harina, huevos, frijoles y carbonato, mas allá, una parrilla donde burbujea algo, el encargado me dice "estamos haciendo chilaquiles, ya en un rato están" pruebo el pulque, sabe ácido, muy rico, me tomo un gran sorbo por la sed y el calor, veo que el piso esta carcomido, años de uso y abuso seguramente, entra mucha luz por unos vitrales en lo que creo fue el departamento de mujeres, por fuera se ve pequeña, por dentro todo parece mas grande.

Me siento en una de las mesas cerca de la barra, empiezo la ronda de preguntas y el encargado, que para estos momentos ya se que se llama Enrique me dice "tiene mas de 60 años, es del mismo dueño que La Paloma y La Pirata, ya es la ultima de aquí" le creo, le aseguro que estaba buscando otra, La Hija del Jarabe, se ríe de mi y me responde "no, esa esta en Castilla" caigo en mi error, y me relajo, que importa que no haya llegado, ya podre visitarla después, pregunto si hay curados don Quique (porque así le gusta que lo llamen) me dice "si, tenemos de apio, betabel y guayaba" pido uno de Apio con Betabel, lo mezclan de forma perfecta, lo pruebo, una vez mas sabe delicioso.

Antes de que empiece a llover me despido, le digo "vengo el próximo sábado" don Quique me dice "si, muchacho, trae a tus amigos, esto se pone bueno después de la comida", habrá que ver, para que no me anden cuenteando.

Por ahora agito esas puertas de vaiven.

Ya volveré, por qué no hacerle honor al nombre de la pulquería, sonriendo mientras camino por las vías canto para mi: tu seras la consentida y anda ándale, correspondele a mi amor...