"...El maguey es como la raíz de nuestra tierra y el pulque su sangre, una sangre que debiera seguir alimentándonos...”




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martes, 21 de julio de 2009

La Hija De La Colonia Primera Parte

Esta es la primera pulcata en la que vamos juntos el buen Ulises y yo, nos toco pasar un momento muy extraño pero eso merece otra entrada a parte.

En el cruce de la Avenida Sur 24 esquina con Oriente 253 en la Colonia Agrícola Oriental, que dicho sea de paso, es considerada la más grande de América Latina se encuentra la Hija de la Colonia, probablemente la última del rumbo. Es un local pequeño, con departamento de mujeres en servicio y una historia propia. Hasta hace poco tiempo sufrió dos clausuras las cuales afortunadamente libró, según comentan sus clientes, producto de la riña en donde un parroquiano perdió la vida al interior del establecimiento.


Pese a la mala fama adquirida, como otras pulquerías de la ciudad, La Hija casi siempre conserva un ambiente agradable, nada que no se arregle con los curados de la casa que son un promedio de tres, eso sí el de ajo también. En varias mesas que esperan su reparación, los clientes habituales van tomando su lugar, la más grande, en medio y frente a la barra con canaleta se apersonan los que nunca faltan. Una rockola ameniza en todo momento el ambiente donde periódicamente es común encontrar grupos de jóvenes de las escuelas cercanas que apenas cruzan la puerta son recibidos por el Güiri güiri, ayudante de la pulcata que de vez en cuando pide su retribución a los clientes para que le completen como el dice para un medio litro de pulque -¡No hay nada para mí!

Si se llega temprano puede consumirse la botana o por lo menos un taco para probar la salsa de molcajete, acompañándose de pulque y quizá de otra bebida -cervezas y licores- que también son parte del menú.


Bien ordenada en la medida de todo lo posible, esta pulcata es acogedora y conserva su verdadero ambiente popular, asistiendo a ella músicos, albañiles, carpinteros y otros tantos personajes que encuentran en su interior, otro mundo donde sus vivencias y pláticas son absorbidas por los muros de azulejo y se pierden entre el efímero eco de las risas.


Ulises Ortega Aguilar gracias ahi estamos en contacto para armar la segunda parte.